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miércoles, 2 de junio de 2010

1,2,3.

Amaba pintar casi tanto como la amaba a ella. Decía que pintar era escribir con luz, que primero debías aprender su alfabeto, luego su gramática y solo entonces tendrías el estilo y la magia. Llevaban cinco años juntos, dicen que cuando él la vió se dijo a si mismo que se casaría con ella aunque fuera lo último que hiciese. Pero muchas historias tienen un final triste y esta por desgracia, es una de ellas. Kirsten que así se llamaba su amada enfermó. Una tarde decidió comprar un reloj para regalarselo a su marido, ese reloj contaría las horas que les quedaban por estar juntos. Cuando Kirsten murió él dejo de pintar y la luz de su interior se calló para siempre.

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