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jueves, 21 de octubre de 2010

La chica de la triste sonrisa.

Siempre había ido a trabajar en tren. Cada mañana veía las mimas caras y la misma sombra sobre cada individuo que como yo esperaba en el andén a que llegase la primera locomotora de la mañana. Saludaba a la misma hora cada día, todos los días, a las mismas personas, pero aquel día, no recuerdo cuantos años hace exactamente, algo diferente cambió mi vida. En aquel instante no lo comprendí, pero tiempo después pude entender que significó para mí la chica de la triste sonrisa. Como decía, esperaba en el andén cuando ella irrumpió en la estación y llenó de luz todos y cada uno de los rincones, incluso los que todos llevábamos incrustados en las entrañas. Era una mujer joven, no especialmente guapa pero con el misterio que tenía podía encandilar hasta al más frío de los hombres. Llevaba un vestido gris, que jamás se quitó en los meses en que coincidimos. Dicen, yo no lo sé, que la pobre no tenía ni para comer, pero yo creo que ese vestido era para ella una especie de tesoro, que suavemente acariciaba cuando sus pensamientos y su mirada se perdían en algún lugar de su memoria. Tal vez penséis que son sensiblerías lo que os digo, pero las caricias que vi que le regalaba a esa tela escondían más amor que el que muchos de nosotros hemos sentido jamás. Caminaba ausente a los cientos de ojos, que como yo, la observaban. Era una cara nueva en nuestra monotonía. Sus zapatos de tacón apenas rozaban el suelo, volaba ante nosotros y con ella esa luz que hacía desaparecer toda la maldad y la oscuridad que había en nosotros. No lo creas pero esa chica era algo más que una chica. Era algo más. Se sentó en uno de los bancos de madera de la estación y clavó su mirada en la vía. Esperando.
Jamás habló con ninguno de nosotros. Todas las mañanas acudía a la espera del primer tren sentada en aquel banco y se iba a última hora de la noche. Nunca reclamó para ella aquel lugar, pero nadie, fuese pasajero habitual u ocasional, osó usurpar su trono. Un par de semanas después de su llegada empezaron a surgir las conjeturas. Llegaron a decir que se había escapado de un manicomio o simplemente estaba loca, pero nadie de los que cuchicheaban se molestó en mirarla a los ojos. Yo sí lo hice. No fue tarea fácil. Sus ojos se escondían tras unos párpados que, cansados de tanta tristeza, ahora caían sin fuerza sobre su mirada. Aquella joven esperaba el amor. Le habían dicho que llegaría en uno de aquellos trenes, pero se negaba a creerlo. Ella había dejado que se fuera y ahora, tal vez arrepentida o tal vez esperanzada, volvía cada mañana a sentarse en su banco a esperar. No estaba loca como todos lo entendemos, estaba loca de amor. De un amor que por su terquedad había dejado escapar. Sentí pena por ella en aquel momento. Ahora, años después, lo que siento es envidia. Si, envidia. Ella si sintió amor y dejó de lado su vida para recobrarlo. 
La acompañé (sin que se percatase) en su espera durante muchos meses hasta que una mañana hallé sobre su banco un sobre arrugado y desgastado, seguro que por la mezcla de dolor y lágrimas. Nunca supe más de ella pero dicen que se quitó la vida arrojándose a la vía del tren que meses antes ya se la había arrebatado al llevarse al hombre que había escrito esa carta. A día de hoy no he conseguido leerla, creo que no soy merecedora de ser partícipe de su historia. Sólo sé que hizo que comprendiese que no debemos dejar pasar nuestro tren, ella lo hizo...



¿Y tú?

10 comentarios:

vero dijo...

Lauuu! me encanta la entrada es preciosa y la foto.. buff! :)

http://cynie-disaster.blogspot.com

un vagabundo dijo...

Dios. Flipante...
Al acabar de leerlo he sentido como si estuviera dejando algo escapar.
Uf, en serio, este escrito me ha hecho pensar mucho, eh...
Me ha entrado incluso un escalofrío al acabar, no va en broma...

Muy bueno, sinceramente :)

Sandra dijo...

Muy bueno el texto :)

Cristina dijo...

Trenes hay cada cinco minutos cargados de personas.
No merece la pena malgastar la única vida que tenemos lamentándose de haber perdido uno, hay muchos más constantemente.

Feliz frecuencia de tren!

fergie dijo...

que precioso!!
tienes mucha creatividad y te haz esxpresado realmente bien!!
me hiciste pensar, estuvo bello
besitos

statucuo dijo...

yo he dejado escapar muchos y ni siquiera luche por ellos y si luche por alguno fue en balde,eres una maquinita escribiendo,bs.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Las sonrisas siempre debieran de ser alegres... Y cuando, hay que trabajarlas para que lo sean.

Pasa un buen fin de semana.

Saludos y un abrazo.

Keii dijo...

Me llego demasiado! Te juro que mientras lo leía me daban escalofríos en la piel. Las oportunidades pasan una sola vez, así que o las tomas, o las perdés. Excelente. Me encantó tu blog! Nueva followerr :)

Inés Neon dijo...

Es precioso, dios.

Jaymz dijo...

Atónito, sin habla. Da mucho que pensar...

Se que es lo de menos pero...creo que me enamorado de esa foto.