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domingo, 17 de octubre de 2010

Recuerdo de un día

Dos personas salían de un portal casi a las dos de la madrugada del viernes veintitrés de marzo; había llovido aquella tarde y podías ver tu reflejo en los charcos formados por la acumulación de agua en los lados de la acera. En la tele habían dicho que aquella noche se notaría una ligera neblina de vapores. Tras esa capa sólo se veía una sombra difuminada y ensombrecida por la luz de la luna y la oscuridad de la noche. Te fijabas como el tiempo pasaba cada segundo más lento que el anterior y más rápido que el siguiente pero no sabías porqué, te gustaba ése sitio. Ese oasis de tranquilidad en el que nada importa. Esos dos chicos, adolescentes, andaban por la calle a esas altas horas de la madrugada cuando de pronto uno de ellos se para en medio del asfalto y le dice al otro:
- Rashkolnikov, ¿y si nunca llegara ese momento?
- ¿Llegar qué momento, hermano? -preguntó extrañado el joven-.

- ¿Qué momento va a ser? Me refiero, obviamente, al momento en el que por fin nos demos, ambos, cuenta de lo que hacemos aquí -respondió el hermano-.
- ¿Por qué se te da por pensar en eso, Cosow? ¿Te ha pasado alguna cosa que me hayas ocultado después de tantos años de confianza?
- No, es simplemente que me siento muy insignificante ahora mismo y no encuentro mi lugar en estas calles. Acabo de fijarme en la claridad del cielo y la luz que emana la Luna y en la cantidad de estrellas que nos estarán mirando en este preciso instante.


http://recuerdodeundia.blogspot.com/ 
El comienzo de un libro, un gran libro, escrito por Brais Díaz Collado.

3 comentarios:

Dara Scully dijo...

(me gusta la gente que se refleja en los charcos)



¡sonrisa!

Nuria dijo...

Pues si a ti te dan envidia nuestras fotos a mi me la da tu blog! Es tremendamente genial !!:)
un besito

Dafne Isern dijo...

Sentirse insignificante de vez en cuando es bonito, sobre todo cuando tienes todo un manto de estrellas sobre tu cabeza.

Un besito muy fuerte.