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sábado, 11 de junio de 2011

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Volvió a casa después del trabajo, mirando al suelo. La verdad es que su sueño no era pasarse los días en aquella oficina, por mucho cielo que admirase desde su despacho, en aquel piso veintitrés. Ella antes cantaba. Se pasaba las noches con su guitarra en los bares más extraños de toda la ciudad.  Cantaba sus canciones, sus preguntas y sus respuestas a la vida mientras los presentes reían, ligaban, se emborrachaban o daban vueltas al limón de su copa pensando en todo lo que habían hecho, y todo lo que les quedaba por hacer. Nadie la escuchaba realmente, a veces y con suerte dos o tres, pero ¿y qué? Hacía lo que quería hacer, sin que nadie la condicionase. Era feliz, componía su vida en pentagramas sin que la gente la intimidase ni lo más mínimo.
Él hacía lo mismo con su pintura cuando se conocieron, pintaba lo que sentía sin prejuicios, sin filtros, sin esperar el aplauso ni el dinero de nadie. 
Y se habían amado igual, porque lo deseaban, porque los llenaba. Y ahora vacíos e inapetentes se preguntaban uno a espaldas de la otra, y la otra a espaldas del uno, por qué seguían juntos sin en realidad siquiera estarlo. El miedo al después era la respuesta. Pero ella, estaba dispuesta a sortearlo. Los vinilos y las cenas románticas iban a ser el comienzo de la traca final. Porque no podía seguir engañando a la única persona que siempre había sido la verdad, la única y absoluta verdad para ella.

5 comentarios:

Mr. X dijo...

Oh!
Un beso

MT♥ dijo...

Precioso (L)

fergie dijo...

wow, que buena a de ver sido la vida en esos tiempos libres...

besitos Ü

JAHR.- dijo...

Wow! (K)

Marie dijo...

acojonante chica, como escribes, y como piensas...