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lunes, 20 de junio de 2011

Voy a quedarme en Berlín, para toda la vida.




Llevo dos días melancólico. Escuchando todas esas canciones que te hacen llorar, para así, poder llorar más y más. Y en verdad hacen efecto. Yo creo que lo que me pasa es que me sobra líquido, y por eso tengo estas ganas irreflenables de llorar. Porque al fin y al cabo las lágrimas son agua y ocupan un volumen dentro de nosotros. Asi que cada cierto tiempo, tenemos la obligación de llorar.
Me he puesto a recordar todos los inviernos que he perdido. Y me acuerdo de ella, sentada en ese sillón junto al fuego, contándome historias de cada ciudad en la que había estado.
Tenía una voz muy especial, que te transportaba, me recordaba a una canción de Phoenix. Cuando se reía de todo aquello que nos hacía feliz, me venían los recuerdos a la mente. Nos veía en los columpios jugando a ser mayores, bajo los rayos de sol del verano. Emma siempre había sido el viaje más largo que todos queríamos hacer. Era todas las cosas de las que te acuerdas cuando llamas por teléfono. Y llegó un día en el que fue todas las camas deshechas de un motel. No sabía como ni cuando deje de seguirle la pista, creo que fue un día en la estación, cuando me dijo que se iba a Berlín. Con ella también se fueron todos los cuentos que había anhelado escribir, todas las cosas que sabría que no saldrían bien, todas mis ambiciones...

5 comentarios:

Mc dijo...

Precioso

in aeternum dijo...

Muchisimas gracias, acabo de empezar y la verdad es que el tuyo me encanto :)

labiosdefresa dijo...

yo también creo que llorar es necesario, desahoga, pero a la vez te hunde hasta lo más bajo, yo soy una llorica empedernida!

un beso :)

La sonrisa de Hiperión dijo...

Siempre una placer haber vuelto por tu casa.

Saludos y un abrazo.

-Big.Small.Big.Small- dijo...

Seguro que no se los llevó a Berlin, seguro que todavía quedan muchos cuentos por escribir, porque ella era una sonrisa que hacía feliz pero nosotros somos la felicidad

un abrazo