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martes, 6 de septiembre de 2011

Sin-onimo de ofender.

París llora todas las noches su pérdida. Lo sé, porque cuando llega la hora de su muerte, el rió Sena acalla su arrullo lento y sinuoso, la torre Eiffel pierde algo de su esplendor desde mi ventana, y las Amélies soñadoras se esconden en casa para no encontrar a su Nino particular.
Un mes después me quité los zapatos desgastados y los coloqué perfectamente alineados en el suelo. Descalza y con la determinación dibujada en el rostro subí a la silla. Sentí el vértigo en el estómago al percatarme del inminente vacío que se alzaba a mis pies; las personas eran hormigas y los coches no eran más que manchas borrosas de colores infinitos. Fumé el último cigarro de la cajetilla de tabaco, disfrutando de cada calada mientras me empapaba del aire aristocrático de París. Cuando hube terminado apagué la colilla en una de las muchas macetas que adornaban mi balcón, sonreí unos instantes a las estrellas del cielo francés y me lancé a la nada, donde sabía que las gárgolas de Notre Dame vendrían a buscarme para llevarme con sus alas rotas y sus sonrisas torcidas.

6 comentarios:

Lucy dijo...

que hermosa foto espero que tengas un lindo dia

Elilith dijo...

Me encanta tu blog y pereza y tus fotos! me ha encantado encontrarlo ^^

Besos desde otra galaxia.
La chica del infinito.

Cintia. dijo...

Increíble..
Nada mas que decir.

-Big.Small.Big.Small- dijo...

Muy buena, muy muy buena.

Miss Frenesí dijo...

Me has dejado impresionada con este texto!
He podido imaginarme esa París, vestida de luto, donde el viento transporta un lamento por sus calles.
Un beso enorme, y te sigo :)
(si todos tus textos son tan geniales, me verás mucho por aquí!!)

Poesenthya Cocco dijo...

Que bonito, que precioso.
Escalofriante, pero la manera de narrarlo... es que simplemente me encanta.

Besitos de capuccino desde http://poesenthyacocco.blogspot.com/ (L)