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lunes, 6 de agosto de 2012

Te dejo es jódete al revés.


Te dejo es jódete escrito al revés. Me quedó gravado a fuego aquella fría tarde de finales de octubre. En aquel momento, las palabras no sonaron como un despecho, sino como un cóctel amargo de desilusión y fracaso. Apenas un par de horas antes, yo era una feliz. Una niña ingenua, enamorada, tonta y feliz. He puesto feliz dos veces pero así es como me sentía. Buscaba en el diccionario de sinónimos y solo me salía esa palabra repetida infinitas veces: feliz, feliz, feliz.. Tenía el corazón contento, lleno de alegría, como cantaba Marisol, y como ella, puse rumbo a buscar a mi alma gemela, mi chico, mi marido, que a las ocho salía de su sesión de deporte en el gimnasio.
Ocho años, nueve meses y seis días juntos. A mis treinta años y un, una cuarta parte de mi vida.
No fue mi primer amor, pero si el más intenso, el que te agarra de las entrañas y te arrastra, da la vuelta por completo y vapulea las emociones. Vista, tacto, gusto, oído, olfato, noqueados, desordenados, salvajes, satisfechos. Le quise, me quería, éramos invencibles, distintos, animales, sabios contestatarios, inmortales. Éramos uno y lo éramos todo: tú, mí me conmigo, yo, mí, me, contigo. A, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras. Caminábamos sobre las aguas turbulentas del día, vivíamos el momento a zancadas.
Nos enamoramos, independizamos, encontramos una casa mugrienta, oscura y microscópica, los muebles prestados por amigos, el barrio horrible, el alquiler desproporcionado. Para nosotros: el paraíso. Crecimos, maduramos, tuvimos crisis, las superamos. Y un día, porque sí, por hacer algo nuevo, por recuperar el placebo del amor y de las emociones primarias, nos casamos.
No teníamos hijos, no teníamos prisa. No teníamos horizontes. Teníamos la vida por delante. Fui lo suficientemente feliz, como para recordar que una vez, en algún momento, fui feliz. 
Pero la vida es una tómbola, una noria y tardamos poco menos de una hora en sentenciar ocho años de relación. Así de frágiles éramos. Así de fuertes. En aquel momento me sentí como cuando el Coyote persigue al Correcaminos, cruza el acantilado y camina en el aire hasta que se da cuenta de su absurdo. Entonces se precipita al vacío sin remedio. Yo también llevaba demasiado tiempo caminando sobre el vacío.


http://www.senoritapuri.com/2012/05/como-y-donde-comprar-te-dejo-es-jodete.html

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